Ronda mira hacia atrás durante unos días, del quince al diecisiete de mayo, para volver a la época en la que los viajeros románticos venían a esta ciudad buscando el misterio y la aventura, un mundo aún ajeno a las transformaciones de la revolución industrial.

Fueron muchos los viajeros que llegaron a Ronda desde los comienzos del siglo XIX. Entre ellos vamos a escoger a los de más renombre internacional.

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En torno a 1830 ya habían estado aquí personajes ilustres como Washington Irving, Benjamín Disraeli, Próspero Mérimée o Richard Ford. Irvin, autor de “Cuentos de la Alhambra”, escribe en su diario sobre los temas favoritos de los viajeros románticos, el paisaje y los bandidos. Disraeli, el político inglés que viaja para recuperar la salud, escribió cartas a sus familiares de sus excursiones desde Gibraltar a la Serranía de Ronda, viajes organizados por el gobernador del Peñón. Mérimée, el autor de “Carmen”, obra con la que tanta fama consiguió gracias a la ópera de Bizet, se apropió de esta historia de amor y celos que le había contado la condesa de Teba. Él la aderezó con personajes populares, arrieros, contrabandistas, toreros o viajeros que andaban por los caminos.

Uno de los viajeros que más ha contribuido a la imagen romántica de España y a la difusión de sus tópicos fue Richard Ford, que realizó una excursión en solitario a caballo por la Serranía. Este aventurero inglés forjará amistades curiosas en Andalucía, como aquéllas con personajes como José María “El tempranillo” o el Marqués de las Amarillas. Además, realizó extraordinarios dibujos para ilustrar sus viajes.

Posteriormente fue Edmond Boissier quien viajó por las sierras malagueñas buscando la piña de un pino sabio. Viajó vestido como los hombres de la sierra y cargado con sus papeles para fabricar un herbario. Su nombre siempre irá asociado al pinsapo, el abeto autóctono de la Serranía de Ronda.

El escritor francés Teófilo Gautier también dejó por escrito la pasión que sintió por estos lugares y el impacto de la luz de Ronda, de la que afirmaba no haber visto igual en ningún otro lugar.

Los relatos de las mujeres viajeras dieron una visión distinta de los tópicos difundidos por los viajeros románticos. Éstas fueron mujeres aristócratas y de alta burguesía europea que viajaron sin necesidad de travestirse, y que escribieron sin ocultarse tras un seudónimo masculino. Sus excentricidades eran admiradas en los salones parisinos y londinenses, donde las sociedades geográficas estaban de moda.

Lady Louisa Tennyson viajó a la Serranía de Ronda en 1850. En sus escritos habla de no poder comprender cómo los propietarios de aquellos parajes que tanto la asombraban por su belleza, no vivían en sus propias tierras ni parecían preocuparse por ellas. Sus magníficos dibujos ilustran su libro de viajes.

En aquellos años, la Serranía de Ronda no es precisamente un lugar seguro. Es por ello que Joséphine E. de Brinckmann en sus “Promenades en Espagne pendant les années 1849 y 1850” relata que solía hacerse acompañar de dos escopeteros para defenderse de los bandidos y de los republicanos que, según esta señora francesa, eran de la peor calaña. Más tarde se emociona viendo a las damas vistiendo a los santos para las procesiones de Semana Santa.

Dos rutas traen a los viajeros a Ronda, la más frecuente es desde Gibraltar, y la segunda desde Sevilla. La condesa de Robersart vino la primera vez desde Gibraltar. Los arrieros recorren senderos imposibles bajo las tormentas a través de un camino que no es más que “una interminable línea perpendicular”, en palabras de la aristócrata belga.

Gibraltar había adquirido hacia 1830 el estatus de colonia británica, dejando de ser una plaza militar. Los contrabandistas recorrían a menudo los caminos que llevaban a Ronda, y conocían todos los atajos. Algunos de ellos eran guías experimentados, como Richard, quien acompañó a Penélope Holland en su viaje de 1867. Nos resulta imposible creer que aquella mujer seria que aparece en la portada de su libro “Recollections of Spanish travel in 1867”, con vestido negro abotonado hasta la barbilla y pinta más bien de novicia que de aventurera, fuese capaz de realizar este viaje cual intrépida amazona.

Para estas mujeres, que disfrutaban de comodidades en sus países de origen y que aún eran desconocidas en España, la experiencia de viajar a este lugar, a Andalucía, era una verdadera experiencia estética.

Con el siglo XX llegó la modernidad, pero los viajeros siguieron llegando a esta ciudad, la cual parecía haberse detenido en el tiempo sobre un pedestal de piedra. Hemingway, Orson Welles, Rilke y tantos otros que buscaron la ciudad soñada, la encontraron en Ronda.

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